
Hamnet: El Duelo Que Shakespeare Convirtió En Inmortalidad
Obra maestra
Una de las mejores películas, si no es que la mejor de la actual temporada de premios, es Hamnet, que nos entrega una ficción de la realidad detrás de la concepción de la obra más larga de William Shakespeare, Hamlet... y es que muchos no lo saben en la actualidad, pero Shakespeare tuvo un hijo llamado Hamnet, y aunque hay muchas teorías de lo que pasó, hay cosas que sí se saben: uno de sus tres hijos murió a la edad de 11 años, dicho hijo posiblemente murió de la peste aunque no hay un registro claro y, por supuesto, por la similitud del nombre se cree que la obra Hamlet fue nombrada así por su hijo fallecido.
Aunque es más claro que la obra es una adaptación inglesa de su época del mito de Amleth en la era vikinga —la cual ya recibió una adaptación increíble en The Northman—, es muy posible que el duelo de su pérdida haya sido el principal aliciente para generar no solo la obra más grande, sino también, podríamos decir, una de las más conocidas y que permanecen hasta el día de hoy como una de las principales inspiraciones para crear teatro o cine.

De Páginas A Imágenes: Maggie O'Farrell Mi Casita
Y es aquí donde entra Hamnet, una película basada en la novela escrita por Maggie O'Farrell, quien no solo escribió el libro que conquistó al público literario, sino que también produjo la película, asegurándose de que su visión no se perdiera en el camino de páginas a imágenes. Y eso se nota, porque pocas veces ves una adaptación literaria que respete tanto el alma del material original sin caer en la trampa de copiar cada línea o traicionar el espíritu con cambios innecesarios.
La dirección está en manos de alguien que entiende que el cine dramatico no necesita gritar para ser escuchado, que los silencios cuentan tanto como los diálogos, que la cámara puede sostener una escena el tiempo suficiente para que tú, como espectador, sientas el peso de lo que está pasando. No hay prisa, no hay ansiedad por cortar a la siguiente escena antes de que proceses la anterior. Cada plano parece respirar, cada encuadre tiene una razón de ser, y la fotografía no solo captura la Inglaterra isabelina, sino que captura la textura del duelo de perder a alguien: la luz filtrada por las ventanas, las sombras que se alargan en los rincones, los colores apagados que reflejan la pérdida.
Esto es lo que pasa cuando una escritora protege su obra y cuando una dirección entiende que adaptar no es traducir palabra por palabra, sino capturar la emoción que vivió en las páginas y volverla carne, hueso, lágrima y respiración en la pantalla.

El Cine Que No Morirá
En algunas reseñas he platicado sobre cómo en el cine moderno parece que ya todo lo quieren hacer como un reel de TikTok: cortes rápidos, acción desmedida y momentos que simplemente no pueden ser digeridos como deberían dentro de tus emociones, pero Hamnet llega a demostrar que el cine emocional sigue aquí, te deja digerir las escenas, la puesta en cámara, los silencios... los procesos mentales ocurren, no son aburridos ni innecesarios, sino que se vuelven parte de la misma alma de la película, no esperas que la escena avance porque con expresiones y sonidos te vuelves parte de la película, te vuelves uno mismo con lo que los personajes están pasando.
Cuando hay felicidad te dejan absorberla, cuando hay tristeza te dejan sentirla y cuando es un momento para reflexionar y poder empatizar, te dejan crear tus propios sentimientos y pensamientos... no solo eso, sino que también te permite adivinar o meterte en la mente de los personajes como si de una obra literaria se tratara, y eso es la magia de respetar lo que en su momento era el teatro o, mejor aún, el libro escrito. Toda la película es como ver una obra de teatro en vivo, pero con la intimidad que solo el cine puede darte.

Cuando El Pasado Habla
Hablemos también de la puesta de época... si de por sí muchas veces es difícil para el público moderno comprender por qué en el mundo existen distintas formas de ver el mundo, es aún más difícil hacerlo cuando se trata de otras épocas, muchas veces las personas se centran más en lo mal que estaban o en lo que los diferenciaba y por qué lo que hacían y pensaban estaba mal, en lugar de solo transportarte al contexto. Aquí en ningún momento se siente un discurso de lo correcto o lo incorrecto, simplemente hay un discurso de lo que está pasando y de lo que los personajes sienten.
Nos volvemos más espectadores de la vida que del conocimiento, nos volvemos a la par un ser o un ente que entiende que lo que importa es lo que percibimos y cómo reaccionamos a ello antes que lo que debería de pasar, nos adaptamos y nos fortalecemos como personas por lo que somos y no por lo que nos imponen a ser, y eso es un balde de frescura al arte moderno.
Infancia Poderosa
Hablando de actuaciones, no hay más que decir que es una excelente muestra de que la no exageración y la entrega emocional son lo mejor que puede pasar en cualquier obra, y aquí cada miembro del elenco entiende perfectamente ese balance.
Dentro de los más pequeños tenemos a Jacobi Jupe como Hamnet y a Olivia Lynes como Judith, donde sus emociones y sus actos son tan naturales que no ves actuación, ves a una familia, ves a los niños que disfrutan ser ellos mismos y que interactúan con una familia, y sí, eso es bastante importante porque vemos futuro en ellos, no solo como actores, sino que dentro de la misma historia te emocionan, los ves crecer y deseas lo mejor para ellos.

La Voz Del Hombre Sencillo Y El Amor Disfrazado
Dentro de los grandes, por supuesto que hablaremos de Paul Mescal como Shakespeare, demostrando que dentro de la historia no necesitas tener un gran renombre o ser sumamente amado por una base de fans para ser exitoso... él supo escoger este proyecto que, a mi parecer, le cayó como anillo al dedo, no nos entrega una actuación espectacular, sino que nos entrega una actuación humana, habla con la voz del hombre sencillo, se mueve con las expresiones de un amante del oficio, abraza con el cariño de un hombre que no busca más que el amor y te mira con los ojos de un ser que perdió parte de su vida pero que entiende que aun queda más por vivir. Es simplemente extraordinario, y te hace como humanidad ver más allá de las simples letras de un dramaturgo, sino que te deja ver el alma de un ser que perdió, pero que aprende a vivir con ello.
Y es aquí donde ahora entramos con Jessie Buckley como Agnes, que desde su primer escena no es más que amor disfrazado de misticismo... su actuación es tan pulcra y tan perfecta que ves los ojos, los brazos, los cariños de tu propia madre, entiendes de dónde viene, a dónde va, que un espíritu libre muchas veces viene del amor y de la comprensión antes que de la rebeldía y la anarquía, que sus palabras están llenas de sabiduría no del tiempo en este mundo, sino de las vivencias en el mismo y de saber escuchar a los que vinieron antes de ti...
Y su amor no solo por sus hijos, sino por la vida misma, por la naturaleza y por su pareja de vida es lo que mueve al mundo, y no el mundo como planeta Tierra, sino el mundo como la tierra que pisan los sueños y la esperanza de aquellos que la rodean, porque al final el hogar no son cuatro paredes, sino lo que construyes con el corazón.
Y más allá de su actuación, la construcción de personaje desde el guion es tan fantástica que sus frustraciones se vuelven tuyas, entiendes sus pensamientos incluso aunque no comulgues con ellos o sepas que no son del todo acertados como espectador, pero no porque sea exagerada o "mujer" como muchos pensamientos actuales hacen ver las cosas, sino que demuestra que el dolor se expresa de formas distintas, así como el amor también, y que no puedes juzgar a alguien con los mismos parámetros de lo que para ti debería de ser la vida.

Dos Caras De La Misma Moneda
Hamnet nos enseña que el dolor y el amor no son entes ajenos entre si, no podemos amar sin que nos duela y no podemos percibir dolor sin haber amado: a un hogar, a una familia, a un hijo, a un esposo, una madre o incluso nuestro trabajo, todo tiene un costo aunque a veces no sepamos cuál va a ser, lo que sí podemos decidir es quiénes nos acompañan en pagar esa deuda.
La libertad viene no cuando nos la dan o cuando morimos, sino cuando decidimos tomarla de nuestros propios fantasmas y demonios, y el que alguien no exprese las cosas como tú esperas no significa que no pase por los mismos sentimientos que tú, porque a veces la empatía esperamos que venga a nosotros cuando no nos damos cuenta que para eso primero tenemos que mostrar empatía hacia los demás.
Los Fantasmas Que Nos Hacen Humanos
Eso es Hamnet, un canto a la vida misma, un canto al dejar ir, un reclamo a la vida pero también un agradecimiento a la misma.
Porque los fantasmas que salen de la cueva son solo eso, fantasmas... la vida misma está llena de color y emociones, sentirlas nos hace parte de algo más grande, nos hace parte de creer en algo más allá que nosotros mismos, la unidad y el amor.


